Hace unos días compartí una reflexión en las historias de Bien Porteado sobre un tema que, a mi parecer, se conversa muy poco: ¿qué pasa cuando dos personas que aman profundamente a su hijo tienen formas muy distintas de criarlo?
La respuesta que recibí fue enorme.
Llegaron decenas de mensajes de mamás y papás contándome situaciones muy parecidas. Algunos hablaban del llanto, otros de los brazos, del sueño, de las pantallas, de los límites o de la alimentación. Más allá del tema específico, había algo en común: muchas familias sienten que no siempre interpretan las necesidades de sus hijos de la misma manera.
Y eso me hizo pensar que quizás necesitamos hablar más de esto.
Querer lo mismo no siempre significa verlo igual
Cuando nace un hijo también nacen dos historias, dos formas de entender el mundo y dos maneras de responder frente a una misma situación.
Puede pasar que uno escuche llorar al bebé y piense inmediatamente que necesita contención.
Mientras el otro crea que quizás necesita un poco de tiempo antes de intervenir.
Uno puede sentir que necesita más brazos.
El otro pensar que hay que fomentar más autonomía.
Ninguna de estas diferencias aparece necesariamente porque uno quiera más al bebé que el otro. Muchas veces tienen relación con la historia de cada persona, con la crianza que recibió, con sus experiencias o con la información que ha ido conociendo a lo largo de su vida.
Y eso es parte de la realidad de muchas familias.
Antes de poner una etiqueta, quizás vale la pena hacerse una pregunta
En las conversaciones que he tenido durante las asesorías hay una frase que aparece con frecuencia:
"Es que es muy mañoso."
Y cada vez que la escucho, me surge la misma inquietud.
¿Qué estará intentando comunicar este bebé?
A veces será hambre.
Otras veces será sueño.
Quizás necesita contacto.
Tal vez está sobreestimulado.
O simplemente está atravesando un momento difícil para él.
No siempre tendremos la respuesta. Y está bien.
Pero detenernos un momento antes de etiquetar una conducta puede abrir una conversación completamente distinta.
Pasamos de preguntarnos "¿por qué hace esto?" a preguntarnos "¿qué necesitará en este momento?".
Y ese pequeño cambio puede transformar la manera en que enfrentamos muchas situaciones cotidianas.
Nadie nace sabiendo criar
La crianza está llena de decisiones para las que no existe un manual perfecto.
Todos, en algún momento, dudamos.
Y muchas veces esas dudas aparecen justamente porque queremos hacerlo bien.
Por suerte, hoy contamos con profesionales y divulgadores que nos ayudan a comprender mejor el desarrollo infantil y a tomar decisiones más informadas.
Si una situación les preocupa, siempre es buena idea conversar con su pediatra o con el profesional que corresponda según el tema. También existen excelentes recursos educativos sobre sueño infantil, desarrollo, psicología, lactancia, porteo y muchos otros ámbitos de la crianza.
Personalmente, he aprendido mucho de profesionales que dedican su trabajo a divulgar información basada en evidencia. Por ejemplo, Andrea Cardemil comparte contenido muy valioso sobre crianza y desarrollo infantil, mientras que Carolina Pérez Stephens, ha abierto conversaciones muy necesarias sobre el uso de dispositivos en la infancia. Como ellas, existen muchos otros profesionales que pueden convertirse en un apoyo para las familias.
No se trata de buscar una única respuesta correcta, sino de seguir aprendiendo.
Conversar también es una forma de cuidar
A veces creemos que criar en equipo significa pensar exactamente igual.
Pero quizás no sea así.
Quizás criar en equipo tenga más relación con poder detenerse a conversar, escuchar el punto de vista del otro, cambiar de opinión cuando sea necesario y construir acuerdos pensando en el bienestar del hijo que ambos aman.
No siempre será fácil.
Habrá días en que las diferencias se noten más, sobre todo cuando el cansancio, el estrés o la falta de sueño aparecen.
Pero incluso en esos momentos, volver a la conversación suele ser mucho más valioso que intentar demostrar quién tiene la razón.
Me gustaría que esta conversación siguiera creciendo
No escribo este artículo para decirles cómo criar.
De hecho, creo que cada familia va construyendo su propio camino.
Lo que sí espero es que estas líneas nos inviten a hacernos más preguntas, a escuchar otras experiencias y a recordar que no estamos solos cuando aparecen diferencias en la crianza.
Porque probablemente muchas de las personas que están leyendo esto también han vivido conversaciones parecidas en algún momento.
Y entre todos podemos aprender.

